Descripción:Medusas enganchadas a una red de pesca

Imagen:Shin-ichi Uye

El calentamiento global perjudica a muchas especies, pero también puede beneficiar a otras, no necesariamente positivas para la humanidad. Las medusas, con las dolorosas picaduras que infligen, no gozan de las simpatías de la gente, y existe la sensación en amplios sectores de la sociedad de que cada vez son más abundantes, en lo que algunos ya califican como una invasión, promovida por el cambio climático global y por la sobrepesca de ciertas especies de peces.

(NCYT) Las medusas han mostrado un impacto visible y sustancial en algunas poblaciones costeras, dejando taponadas las redes de los pescadores, picando a los bañistas en las playas, e incluso dañando algunas infraestructuras de centrales eléctricas, con obvios perjuicios para el sector pesquero, el turístico y otros.

En los últimos años, las noticias sobre proliferaciones masivas de medusas en zonas específicas han alimentado la idea de que la medusa y otras criaturas gelatinosas flotantes son cada vez más comunes y pueden llegar a dominar los mares en las próximas décadas.

Ahora, un nuevo estudio realizado en el Centro Nacional para Análisis y Síntesis Ecológicos (NCEAS, por sus siglas en inglés) de la Universidad de California en Santa Bárbara, cuestiona las afirmaciones vertidas en algunos medios de que la presencia de medusas está aumentando a escala mundial, y sugiere que, a día de hoy, esas afirmaciones no se fundamentan en evidencias físicas ni en estudios científicos.

El equipo de Rob Condon ha usado para su análisis una nueva base de datos, que consta de 500.000 puntos de datos sobre las poblaciones globales de medusas recolectados desde 1790, y que se mantendrá actualizada con nuevos datos a fin de que sirva de ahora en adelante para monitorizar el alcance de las proliferaciones masivas de medusas y de los problemas que ocasionan.

“Obviamente, hay áreas donde sí es cierto que la presencia de medusas ha aumentado, como sucede con la Medusa Gigante en Japón”, explica Condon. “Pero también hay áreas donde la presencia de medusas ha disminuido, o fluctúa alrededor de las medias decadales”. Conocer las tendencias a largo plazo en vez de guiarse sólo por las de corto plazo es, por tanto, la clave para determinar si hay o no un auge global de las medusas.

En la investigación también ha participado una treintena de climatólogos, oceanógrafos, expertos en medusas, y economistas, de diversas partes del mundo, incluyendo a Carlos Duarte de la Universidad de Australia Occidental y del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados en España, así como Monty Graham de la Universidad de Mississippi del Sur, en Estados Unidos.

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